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El presente del pasado: Reflexiones sobre las primeras monedas labradas para las Islas Canarias

13 de mayo de 2026 por Santiago M. Medina Gil

13 de mayo de 2026

Por Santiago M. Medina Gil

Introducción

La insólita irrupción del archipiélago canario en el panorama numismático nacional e internacional es, hoy por hoy, uno de los hitos más importantes de las últimas décadas. Sorprendente, como poco, ha sido el desgrane de piezas, resellos privativos de las diferentes islas o la inusitada emisión del maravedí de Canarias, en sus diferentes valores.

Textos y evidencias numismáticas se combinan en un inusitado mosaico que conforma el actual panorama del monetario de antaño de las islas, variopinto, singular y lleno de incógnitas que se empiezan a dirimir.

No está siendo este, sin embargo, un camino fácil. La investigación, bien entendida, debe de concluirse cuando, además de posible, la teoría que nazca de cada nuevo hallazgo, sea probable, esto es, de se aleje de la mera especulación, dañina y sin fundamento, que lejos de aportar luz a estos centenarios dédalos, abran líneas de investigación que conduzcan a ninguna parte, sembrando errores que amenazan con perpetuarse irremisiblemente en el tiempo.


Paso a paso, pieza a pieza, se están recuperando capítulos inéditos de la historia insular. De los textos antiguos, documentos de otras épocas y el aluvión de piezas que reclaman su lugar está conformándose un peculiar monetario canario. Es este un parto no exento de complicaciones, pero no nos cabe duda de, que al final, llegará a puerto seguro, tras una singladura difícil a la par que apasionante, para disfrute de todos los interesados, de hoy y mañana.

Algunas historias quieren ser contadas … “Fiat lux”.

Queda todavía cercano el recuerdo la presentación del libro “Canarias. Monedas y resellos. Siglo XIV-XVIII”, (figura. 1) en mayo de 2022, que significó el aldabonazo con el que se consolidaba formalmente la Numismática Canaria, un evento que tendría una introducción inesperada. En las entrañas del Museo de la Cueva Pintada de Gáldar pude contemplar los 8 ejemplares exhumados de San Marcial de Rubicón, en Lanzarote, portadores de la marca atribuida al normando Jean de Bethencourt y que se remontaba a los primeros pasos de la conquista, en los albores del siglo XV. Desde ese preciso instante, se hizo patente la necesidad de seguir profundizando en documentos, colecciones privadas y públicas, difundiendo, protegiendo y divulgando un legado tan importante como frágil. Surgía, de este modo, la ineludible tarea de redactar la segunda edición, ampliada, del estudio que se iba a presentar.

Figura 1. Portada libro “Canarias. Monedas y resellos. Siglos XIV-XVIII”

Cuatro años más tarde, en una sucesión de acontecimientos, hallazgos y encuentros vertiginosos, seguimos completando el desafiante puzle, dando visibilidad a piezas singulares que han ido apareciendo, dando fuste a las distintas teorías e hipótesis, algunas ya recogidas en el estudio publicado y otras que se incorporan a la segunda edición.

Si hemos de mencionar un hallazgo de relevancia, sin duda alguna, tendremos que hacer mención especial a la aparición de un buen número de piezas acuñadas en la ceca hispalense, para Canarias, en sus valores de blanca, maravedí y ochavo, que pone sobre el tapete dos labras para las islas, amparadas en sendas licencias, de las que pasamos a dar cumplida cuenta. (Ver el artículo «Una emisión monetaria perdida de los Reyes Católicos: el maravedí de Canarias»).

Ya dejamos constancia de la existencia de una excepcional licencia, que dejaba magníficamente detallado, negro sobre blanco, el diseño, composición, valores a acuñar y total de la emisión, datada en 1513, autorizada por la Reina Juana y firmada por su padre, Fernando. Documento este de capital importancia para la historia de Canarias, y que servía de poderosa instantánea al reflejar la precariedad en las islas, en los primeros compases del siglo XVI, concluida la conquista de todo el archipiélago.

Poca duda ofrece la incontestable realización de esta labra, acuñación que aparece reflejada en documentos en los años 1518 y 1579, en archivos a ambos lados del Atlántico, mencionando expresamente su ejecución. No menos importante es la localización, en distintas zonas de Gran Canaria, de piezas correspondientes al valor del maravedí, cada vez en mayor número, acercándonos ya a los 30 ejemplares estudiados. Concluyente, por último, es el análisis metalográfico al que han sido sometidas el 50% de las piezas examinadas y que concluye con unos resultados determinantes. Sin embargo, no quedan ahí las novedades. La más notable es, a día de hoy, la aparición de tres ejemplares que clasificamos como blancas (medio maravedí) y un excepcional numisma, identificado como ochavo (dos maravedís).

Ya en 2022 hicimos público la localización y clasificación de la gran dama de la numismática canaria, una moneda olvidada durante cinco siglos, un símbolo de canariedad perdido en el devenir de la Historia. El desinterés y lo complicado de acceder a la información requerida se combinaron para crear un silencio varias veces centenario. En el XVII Congreso Nacional de Numismática, celebrado en Pontevedra, en septiembre de 2024, se presentaron los dos nuevos valores acuñados para Canarias, aportando información y detalles de los mismos (figura. 2).

Figura 2. Anverso y reverso de blanca, maravedí y ochavo de Canarias. La comparativa es de una misma instantánea, pudiéndose comprobar la diferencia en diseños y tamaño de los módulos

Desde entonces, todo ha sido una catarata de acontecimientos. Nuevas piezas ven la luz en subastas nacionales, nuevos numismas son localizadas en Gran Canaria y seguimos pendiente de autorización para acceder a varios ejemplares exhumados en el yacimiento de Las Candelarias (Agaete-Gran Canaria).

En este punto, y haciendo el necesario balance de los datos que obran en nuestro poder, podemos concluir que existieron, al menos, dos labras para Canarias, ambas realizadas en la ceca de Sevilla. La primera, perfectamente documentada, está datada en 1513 y consideramos es la más relevante, al definir completamente todos los aspectos que una acuñación excepcional debe tener, esto es, diseño, composición, valores y totales a batir, además de la justificación de esta acuñación, que queda cumplidamente detallada en la licencia, custodiada en el Archivo de Simancas.

La tipología del conjunto de piezas examinadas nos permitió definir dos tipos principales, uno de ellos con una variante significativa, al igual que un buen número de variantes menores, de poca entidad, que se detallarán seguidamente (Figura 3). Esta variedad en los cuños nos hizo intuir la posible existencia de alguna acuñación no relacionada. A este respecto, la aparición de la pieza que identificamos como ochavo, permitió esbozar una hipótesis, con clara vocación de teoría.

Tipo I
Tipo II A
Tipo II B

Figura 3. Maravedí de Canarias. Tipo I y Tipo II, en sus variantes A y B

La inusual metrología de la pieza, la procedencia y la similitud con el recién clasificado “maravedí de Canarias” nos obligó a replantear la posibilidad de que estuviéramos ante un cuarto de cuatro maravedís (cuya labra estaba mencionada en la licencia de 1513, junto al maravedí y la blanca), si bien su peso no coincidía con el atribuido a este módulo. Si establecíamos que la referencia obligada, en cuanto a peso, la marcaría la blanca, perfectamente detallada en la Pragmática de Medina del Campo de 1497, que indicaba que un marco debería contener 67 piezas, el maravedí debería estar en un peso próximo a 2.40 g, ergo el cuarto de cuatro maravedís tendría que arrojar un peso cercano a los 9,6 g.


Inmersos en esta línea de investigación, se procedió a solicitar copia de otra licencia, también concedida a la isla de Gran Canaria, conservada igualmente en Simancas, datada en 1579. Transcrita la misma, entre sus líneas se dejaba constancia de la labra de mil ducados, en blancas y ochavos. Esta era una pista crucial para poder encajar ese módulo en el peculiar numerario canario, ya que por vez primera, se mencionaba expresamente la labra de ochavos para la isla. El mismo documento ya refiere, confirmando, la acuñación de 1513, y detalla un panorama, económico y social, poco alentador en la isla, que justificaba la acuñación, como había sucedido seis décadas antes. Las rúbricas confirman que esta labra se realizó en Sevilla, donde fue corregido con el original el 22 de abril de 1581, fecha en la que se debió remitir a Gran Canaria, el principal puerto del archipiélago por ese entonces.

Con el singular módulo del ochavo, con el fuste que da la licencia para acuñar monedas para Gran Canaria de 1579, se hizo necesaria establecer una comparación con otras emisiones similares. No hay mejor espejo que las labras de o para La Española. Hagamos un poco de historia. Las más tempranas acuñaciones, a nombre de los Reyes Católicos, ofrecen unos pesos establecidos en 1.21 g la blanca, 4,85 g el ochavo y 9.71 g el cuarto. Las labras a nombre de Carlos V, arrojan unos pesos de 1.82 g el ochavo y 3.64 g el cuarto. Las monedas acuñadas a nombre de Carlos y Juana ofrecen pesos de 1 g la blanca, 1,82 g el ochavo y 3,64 g el cuarto, si bien hay un sinfín de variantes en esta serie, sin duda, de las más prolíficas realizadas en el Caribe. Por último, pero clave en este puente entre labras a ambas orillas del Atlántico, nos encontramos con la serie, batida a nombre de Felipe II, en torno a 1578, fecha muy próxima a la segunda licencia para Gran Canaria, y que se traduce en unos pesos 3,5 g en el caso del ochavo y 7 g si hablamos del cuarto. En este punto, la semejanza de pesos nos hace concluir en que nos encontramos ante una acuñación que nace para poner solución a idénticos problemas, esto es una falta de numerario menudo inadmisible, en un mismo momento de la historia (Ca.1578 la realizada para La Española, Ca.1579 la ordenada para Gran Canaria, como ya ocurriera en 1505, con las emisiones en Sevilla para el Caribe y 1513 para Canarias).

Conclusiones

1. Resulta incontestable la aparición de ejemplares de blanca, maravedí y ochavo de Canarias, labras amparadas en sendas licencias, datadas en 1513 y 1579. El creciente número de piezas localizadas en Gran Canaria, en distintos municipios o la mención en textos de la época que relacionan las licencias son datos suficientemente sólidos “per se” para confirmar su existencia. Somos conscientes, sin embargo, de que siempre habrán voces que mantengan que se tratan de falsificaciones de época, en el caso del módulo de maravedí, debido a su semejanza con el medio real a nombre de los Reyes Católicos, si bien, quien defiende esta posibilidad obvia el dato demoledor del análisis metalográfico de las piezas estudiadas y que en todos los casos dan porcentaje de plata iguales o superiores a los establecidos en la Pragmática de Medina del Campo, con lo que la reflexión de que qué falsificador de la época incluiría el porcentaje argénteo exacto en su falsificación (Figura 4). Todavía más, cuál es la razón que justificaría que todas las piezas localizadas se correspondan con uno de los dos tipos establecidos. De mantener esa afirmación, estaríamos, sin duda, ante un falsario, como poco, muy activo.

Consideramos, por tanto, que este es un debate que nace muerto al no contar quien defiende el origen ilícito de las piezas con argumentos sólidos que pongan en jaque la teoría expuesta, y por tanto, asumimos que siempre existirán terraplanistas, que nieguen la validez de las evidencias presentadas en nuestra teoría, sin que aporten más datos que el de la simple conjetura o el presentismo mal entendido. Entre los defensores de la falsificación queda pendiente una explicación plausible que justifique la existencia del módulo del ochavo y de la blanca.

Como respuesta a la falta de documentación que confirme la recepción de las piezas en Canarias o registro de partida desde Sevilla, hemos de indicar el tantas veces traído y llevado asalto de Van der Does a Gran Canaria, en 1599, que incendió la ciudad y arrasó por toda la documentación o el pavoroso incendio de 1842, que acabó con el archivo del consistorio de Las Palmas de Gran Canaria. Igualmente, recordamos la validez de la máxima de que “la ausencia de la evidencia no es la evidencia de la ausencia”. Que no haya aparecido determinada documentación no significa que no exista o que le reste validez al resto de pruebas.

2. Como principal tarea para los años venideros, queda pendiente de localizar el esquivo cuarto de cuatro maravedís, del que de momento no tenemos referencia alguna, ni entre colecciones particulares, ni entre los fondos públicos de museos.

3. Las fuentes historiográficas, junto a las evidencias numismáticas seguirán arrojando luz al apasionante numerario canario, en el que resellos, marcas y monedas peculiares conforman un catálogo único, un tesoro numismático que debemos preservar, difundir y divulgar.

Figura 4. Extracto del análisis metalográfico realizado al 50% de las piezas estudiados, que figura en la edición ampliada del libro “Canarias. Monedas y resellos. Siglos XV y XVIII”, de próxima edición. Abajo, portada de la Segunda edición ampliada de nuestro estudio

BIBLIOGRAFÍA

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Publicado en: Bibliografía Numismática, Noticias, Reseñas Etiquetado como: Islas Canarias

Comentarios

  1. Elías says:
    13 de mayo de 2026 at 16:10

    Estimado autor:

    He encontrado muy interesante tanto la primera edición de su libro como este nuevo artículo, especialmente por la importante labor de difusión e investigación sobre el circulante de las Islas Canarias.

    No obstante, sigo discrepando de la hipótesis planteada sobre el denominado maravedí de Canarias. Aunque la documentación histórica que aporta es de notable trascendencia, considero que todavía no existe una conexión plenamente concluyente entre dichos documentos y las monedas concretas que usted atribuye a esa emisión.

    A mi juicio, estas piezas continúan presentando una gran similitud iconográfica con los medios reales peninsulares de la época, lo que sigue dejando abierta la posibilidad de que se trate de falsificaciones de época que terminaron circulando en Canarias debido a las necesidades monetarias del archipiélago.

    Por ello, me sorprende que en las conclusiones se afirme que la existencia de blancas, maravedíes y ochavos de Canarias resulta “incontestable”, cuando la cuestión sigue generando dudas razonables entre muchos aficionados e investigadores.

    Aún así, sigo su trabajo con interés y ojalá futuros hallazgos permitan consolidar definitivamente esa hipótesis que usted plantea en esta publicación.

    Reciba un saludo cordial.
    Elías

  2. Juan Luis says:
    13 de mayo de 2026 at 17:26

    Hola. He leído el artículo y, aunque me ha parecido interesante, especialmente por la aparición de nuevos ejemplares cuyos pesos y diámetros parecen diferenciarse de los presentados en 2022 con motivo de la publicación de su libro, debo reconocer que su hipótesis continúa generándome dudas razonables.

    Principalmente, sigo considerando problemático que se trate de un circulante prácticamente idéntico, desde el punto de vista iconográfico y visual, al que se acuñaba en plata en la península. Por ello, sigo viendo plausible que muchas de estas piezas pudieran ser falsificaciones de época realizadas, por ejemplo, en Sevilla y que terminaran llegando a Canarias debido a la necesidad constante de moneda menuda en las islas.

    El contexto monetario del archipiélago, favorecía la entrada a través de sus puertos de piezas muy diversas con tal de aliviar la escasez inmediata de numerario. Precisamente por ello, sigo teniendo dudas acerca de que estas monedas sean realmente las mismas a las que hace referencia la documentación histórica que se menciona.

    Un saludo.

  3. Francisco says:
    13 de mayo de 2026 at 22:13

    Como toda moneda feble, va de mano en mano y sólo se queda en aquellos mercados en los que es necesaria. Así tenemos el caso canario. Durante el último año y medio se han subastado públicamente en España 2 monedas que han mencionado cierta similitud con lo publicado por Santiago Medina en el libro, lógicamente sin vincularlas de forma expresa con los dos tipos con los que teoriza. Sin embargo, ambas piezas subastadas no procedían de colecciones canarias, sino peninsulares. Esto no es difícil de averiguar si se pregunta un poco por los grupos de Facebook. Incluso han habido varias monedas adicionales que también coinciden con esos tipos y que se han publicado en algunos de esos grupos numismáticos y al menos uno procede de la península con total claridad al haber podido hablar con su anterior propietario.
    Para mi son medios reales falsos de época que, tras fabricarse en el continente, migraron hacia un lugar donde hacia falta monedas de pequeño valor y Canarias en aquella época era ese lugar.

  4. Jacobo says:
    14 de mayo de 2026 at 00:41

    Buenas noches. He leído detenidamente el artículo en busca de algún elemento significativo que aproxime la teoría del señor Medina Gil con las monedas que presentó en 2022 y que ahora ilustran esta segunda publicación en este medio. Sin embargo veo que el autor afirma en varias ocasiones que las monedas halladas son “incuestionablemente” las correspondientes la emisión de 1513. Sin embargo, los propios datos que ofrece no permiten concluir que, efectivamente, corresponden a esa emisión. En este sentido no se ha localizado documento alguno en Sevilla que haga referencia a tales trabajos o un registro del viaje de esas supuestas monedas rumbo a las islas y menos aún de la recepción. Por lo tanto, sigo sin ver una vinculación clara con esa supuesta emision de 1513 y aun así concluye con “nos permite confirmar que nos encontramos ante esa emisión”.
    Señor Medina, creo que aquí existe un problema metodológico bastante serio, pues lo que ha planteado hasta el momento, considero a todas luces que se queda en el plano de las hipótesis, pero no demuestra de manera contundente que estemos ante la citada emisión y creo que lo mas prudente sería utilizar palabras como “probablemente”, “posiblemente”, en lugar de realizar una afirmación de tales dimensiones.
    En segundo lugar tenemos al elefante en la habitación, la clara similitud con los medios reales de los Reyes Católicos y que fueron acuñados en plata. Usted meciona que estos «maravedis», por llamarlos de algún modo, son monedas que hasta ahora se habían catalogado como medios reales falsos de época. Si somos lógicos, la explicación alternativa a su hipótesis, es decir, que realmente estemos ante falsificaciones de época, resulta muy difícil de rebatir con los argumentos utilizados en sus trabajos. Al fin y al cabo, ¿por qué acuñar una moneda de vellón casi idéntica visualmente a un medio real de plata? Eso terminaría generando confusión entre la población, además de evidentes problemas en la aceptación de esas monedas, un riesgo de fraude creciente y desconfianza a la hora de realizar transacciones de menudeo.
    El autor menciona que existen otras monedas parecidas en metales distintos, pero no pone ejemplos concretos y no veo comparativa posible en un caso tan claro como este donde el parecido con los medios reales no sólo es “estilístico”, sino casi tipológico y de módulo. Por lo tanto, si el objetivo no era otro que facilitar las operaciones pequeñas, lo lógico habría sido diferenciar visualmente las piezas para que no existiera confusión alguna.
    En tercer lugar, por primera vez vemos un análisis metalográfico de las monedas, donde parece que están fabricadas en vellón con unas proporciones coherentes con algunas de las emisiones para otros valores del circulante castellano. Sin embargo, no considero que ello implique de forma casi automática que nos encontremos ante acuñación oficial. Durante el siglo XVI se ha podido documentar la existencia de falsificaciones de época bastante logradas, destacando el trabajo y el arte que llegaron a desarrollar algunos falsarios, especialmente si pretendían que sus monedas entraran en circulación y se mezclaran con las monedas buenas. En este artículo se pone en valor la composición de las piezas, pero da la sensación que ya por eso se puede descartar la falsificación y creo que no es así. El análisis metalográfico demuestra antigüedad, el uso de una técnica de acuñación compatible y una composición coherente, pero no se aportan pruebas definitivas que estas monedas corresponden con una emisión oficial y menos aún que sea exactamente la emisión de 1513 que usted menciona.
    En cuarto lugar veo que llega un momento en el que el artículo incurre en un círculo que persigue la lógica. Es decir, partimos de la idea de que, como existe una licencia para acuñar moneda en 1513, también existen monedas para Canarias. Por tanto lo tanto, esas monedas que se muestran son «claramente» la emisión de 1513, pero éste último paso no tiene necesariamente que ser la conclusión del resonamiento y no es automático. Podemos estar ante falsificaciones de época, pruebas de acuñación o, incluso, imitaciones posteriores al siglo XVI que perseguían otros fines. La existencia de la licencia que nos ha presentado no prueba por si misma que esas piezas a las que hace referencia sean las que hoy ilustran este artículo.
    En sexto lugar, se desprende que la rareza de estas monedas resulta compatible con una emisión hasta ahora olvidada. Sin embargo, el documento dice que se autorizan 3 millones de maravedís, pero «aparecen» muy pocos ejemplares en la actualidad. Esto necesariamente requiere una explicación mas contundente porque una emisión relativamente amplia, como menciona la licencia, debería haber dejado más hallazgos arqueológicos o más ejemplares en colecciones privadas isleñas, además de más referencias documentales. Todo ello sin olvidar que deberian haber más ejemplares encontrados en tesorillos y por ahora ese honor casi que le corresponde a los Ceutíes.
    En sexto lugar, me he percatado que en el artículo se utilizan palabras como, “incuestionable reina”, “gran dama”, “eslabón perdido”, “contundencia”, “evidencia incontestable”…
    A mi juicio creo que el uso de las mismas intenta generar convencimiento en el lector, pero sigue sin estar sustentado de forma sólida como para que los argumentos logren esta finalidad en lugar del uso del lenguaje. Una investigación como esta requiere, como ya he mencionado, la correspndiente prudencia en las afirmaciones.
    En séptimo lugar, el artículo hace mención a blancas, maravedís y cuartos de cuatro maravedís. Sin embargo, en él se da a entender que, únicamente, se logra identificar el maravedí, sin que hayan evidencias sólidas respecto a algunos de los otros valores que componen la serie y ésto, a mi entender, debilita el relato de la existencia de la misma porque, si la licencia menciona la acuñación una serie y la evidencia física apenas apunta a un sólo módulo, todo resulta un tanto dudoso.
    Como octavo punto, el autor menciona que existen ejemplares con grafía gótica y otros con grafía latina, planteando que quizá algunas piezas sean anteriores.
    Eso implica otra inconsistencia pues, si ni siquiera está clara la cronología interna, la secuencia tipológica de los tipos, pudiendo corresponder al año 1511 ó a 1513, entonces creo que es prematuro afirmar con tanta seguridad que todo pertenece a una emisión en concreto.
    Con todo ello y para concluir, creo que existe una hipótesis alternativa mucho más sencilla y que responde a muchas de las cuestiones que siguen sin respuesta o que continúan generando dudas razonables. Si nos ceñimos a la teoría de la “navaja de Occam”, simplemente nos encontramos ante falsificaciones de época, sin más y, honestamente, creo que permite explicar muchas cosas sin necesidad de estar rebuscando tanto.
    Lógicamente, esto que quiere decir que no hayan otras alternativas, pero siento que, a día de hoy carece del sustento necesario.
    Personalmente me quedo con los trabajos de Almenara Rosales E., Cano Borrego P.D., García González J. A. o Lorenzo Arrocha, J.M. que tienen una línea más conservadora, pero menos interpretativa. Por supuesto me gustaría ver nuevos avances sobre el circulante canario y que todo esto, con el paso del tiempo, quede más claro y ordenado.
    Un saludo.

  5. Maria says:
    14 de mayo de 2026 at 08:57

    Después de leer el artículo he llegado a la conclusión que soy lo que el autor del artículo considera como «terraplanista».
    En este sentido, la afirmación en la que dice que el debate “nace muerto” me resulta metodológicamente inadecuada en un contexto historiográfico donde veo que persisten significativas lagunas documentales y tipológicas. La supuesta ausencia de pruebas definitivas sobre el origen ilícito de las monedas descritas no constituye, por sí misma, una demostración concluyente de su supuesta oficialidad. Recuerde que hasta ahora se han considerado así y el que propone una teoría alternativa es el propio autor, por ello, éste debe ser quien la respalde de forma sólida y no trasladar el foco sobre los que opinan diferente. De la misma manera, comparar las objeciones críticas a su teoría con posiciones pseudocientíficas como el «terraplanismo» considero que introduce una descalificación retórica totalmente ajena al debate académico y sustituye la discusión técnica por una apelación de caracter emocional. La supuesta existencia de distintos módulos monetarios, aunque puedan ser compatibles con una presunta emisión oficial, tampoco excluye necesariamente escenarios alternativos como imitaciones contemporáneas. No debemos olvidar que los falsificadores no buscaban la perfección en su trabajo, sino que estas monedas pudieran «colarse» dentro de grupos monetarios para facilitar su aceptación a simple vista, por lo tanto las discrepenacias en el peso y tamaño no deben resultar extrañas, especialmente en aquellas monedas que vienen de contextos arqueológicos. En consecuencia, la hipótesis que aquí propone puede considerarse plausible, pero no definitivamente concluyente con los argumentos y apoyos que el autor ha presentado hasta la fecha. Creo que es necesario no afirmar con esa rotundidad sobre aspectos como este sin que las evidencias que lo sustentan sean completamente sólidas y que no reflejen la más mínima duda. Le recuerdo que si estaban fabricadas en Sevilla, allí debió guardarse documentación que registre los trabajos de estas monedas supuestamente canarias y no podemos justificar la ausencia de datos en los culpables de siempre, como el caso del ataque corsario de 1599 y el incendio del Archivo de 1842, a menudo utilizados cuando la evidencia se queda corta o no se encuentra documentación especifica.
    Saludos cordiales.

  6. Antonio Mesa says:
    14 de mayo de 2026 at 14:12

    Buenos días. El artículo plantea una propuesta interesante para la continuidad del estudio relacionado con el circulante canario. Sin embargo, si nos ceñimos a una perspectiva académica, considero que la propuesta sigue manifestando un problema fundamental de base: la falta de solidez demostrativa suficiente para presentar determinadas conclusiones con un grado de certeza tan significativo como se desprende de este texto.
    Aunque el trabajo se apoya en documentación histórica que estimo relevante, la conexión directa entre las fuentes documentales y las evidencias numismáticas presentadas creo que sigue siendo, al manos en varios aspectos, más interpretativa que concluyente. Precisamente por ello, algunas afirmaciones que vemos en este artículo parecen adelantarse al nivel de consenso y verificación que exigiría una hipótesis de esta naturaleza.
    En este sentido, creo que el artículo transmite, en no pocos pasajes, una excesiva seguridad metodológica frente a otras líneas de investigación igualmente legítimas y notoriamente más prudentes, algo que no favorece un debate historiográfico realmente abierto y constructivo.
    En cualquier caso, creo que el texto posee el mérito de mantener vivo el interés por la numismática canaria, además de incentivar una discusión académica que todavía requiere un mayor contraste documental, arqueológico y comparativo.
    Reciban un saludo cordial.

  7. Ángel says:
    14 de mayo de 2026 at 18:01

    Buenas tardes. Me ha parecido interesante la publicación, aunque la forma en la que se ha redactado la considero un poco tediosa en algunos párrafos.
    Algo que me ha llamado mucho la atención es la comparación entre éstas hipotéticas emisiones destinadas a Canarias y las acuñaciones caribeñas, las cuales pueden resultar sugerentes desde un enfoque económico y funcional, especialmente por el contexto común de escasez de monedas corrientes en territorios atlánticos periféricos. Sin embargo, pienso que esta analogía se ha extralimitado un poco cuando se pretende establecer una relación casi directa entre ambas series. Las diferencias iconográficas (respecto al circulantes peninsular), tipológicas (1, 2, 4 maravedís, además de 1 real) y cronológicas entre las emisiones para Santo Domingo, perfectamente documentadas e identificadas, y las piezas que se pretende conectar aquí con Canarias dificultan considerar unas como reflejo inmediato de las otras. La coincidencia parcial de pesos o módulos (1, 2 y 4 maravedíes de vellón) no constituye por sí misma una prueba concluyente, máxime en un periodo donde la metrología monetaria presentaba amplios márgenes de variación y donde distintos territorios podían desarrollar soluciones similares ante problemas económicos semejantes sin necesidad de compartir un mismo modelo de acuñación.
    Saludos.

  8. Jorge Fernández says:
    14 de mayo de 2026 at 20:43

    Soy un lector muy interesado en la numismática de Canarias desde que leí el primer trabajo de Lorenzo Arrocha en los años 90. Ver publicaciones relacionadas con el tema demuestran la buena salud que goza la investigación isleña en este ámbito, sin embargo, los argumentos esgrimidos por el autor distan mucho de ser «incontestables» como él mismo señala. No voy a extenderme argumentando los principales puntos que claramente no están debidamente apuntalados porque he leído comentarios que ya los mencionan. Me parece necesaria una reflexión al respecto, pues el tema dista mucho de gozar de la debida evidencia que asegure que estas son las monedas a las que la licencia se puede estar refiriendo.
    Saludos y que siga la investigación numismática.
    Jorge

  9. Xavier says:
    15 de mayo de 2026 at 17:29

    Después de finalizar la lectura de este trabajo sólo puedo decir que el artículo evidencia un problema bastante frecuente en determinadas investigaciones numismáticas, la ausencia de una delimitación clara entre posibilidad y demostración histórica. En varios momentos, el texto parece asumir que cierta coherencia en algunas partes del relato interpretativo basta para validar la hipótesis, cuando realmente la construcción de un discurso verosímil no equivale necesariamente a una prueba concluyente.
    En este sentido, aprecio una utilización selectiva del material documental y comparativo, incorporando aquellos elementos que parecen encajar dentro de la tesis propuesta mientras quedan escasamente desarrolladas las contradicciones, vacíos o posibles escenarios alternativos que podrían cuestionarla. Esa falta de equilibrio crítico termina debilitando el conjunto del trabajo por si solo.
    Por lo tanto, más que un estudio cerrado desde el punto de vista científico, el artículo parece encontrarse todavía en una fase especulativa avanzada, algo perfectamente legítimo siempre que se exponga con la debida prudencia metodológica.
    Un saludo y feliz viernes.
    Xavi

  10. José Galán says:
    15 de mayo de 2026 at 18:17

    Buenas tardes. Lo único que añadiré es que partiendo desde una perspectiva metodológica, el principal problema que yo veo en esta propuesta reside en la conversión de correlaciones documentales e indicios numismáticos en afirmaciones de carácter prácticamente concluyente, sin que exista aún una base empírica suficientemente amplia para sostener ese grado de certeza historiográfica. La hipótesis propuesta puede resultar sugerente a primera vista, pero considero que el trabajo en sí continúa mostrando una dependencia excesiva de interpretaciones contextuales y lecturas inferenciales que, en ausencia de evidencias arqueológicas concretas, series comparativas sólidas o una trazabilidad documental más consistente, deberían formularse con una mayor cautela académica. Por lo tanto, el artículo parece priorizar la coherencia interna de la tesis del autor sobre el necesario ejercicio de un contraste crítico con escenarios alternativos, como puede ser la falsificación contemporánea, algo fundamental en investigaciones relacionadas con sistemas monetarios periféricos y documentalmente fragmentarios como el caso canario.
    José G.

  11. Andrey says:
    18 de mayo de 2026 at 09:41

    Buenas tardes. No vivo en Canarias, pero soy un enamorado de esta tierra que visito de forma regular y donde me siento uno más.
    Este trabajo me ha llamado especialmente la atención y creo que el autor ha tocado un tema que los canarios habían tenido un poco descuidado. He leído otros estudios de otros autores como Almenara, Lorenzo Arrocha o García González de los que he aprendido muchísimo. Sin embargo, este trabajo en concreto me transmite en ciertos momentos una excesiva seguridad por parte del autor frente a otras líneas de investigación igualmente legítimas. Es como si hubiera una implicación personal excesiva y me parece que esa postura no favorece un debate verdaderamente abierto y constructivo.
    Deseo que la investigación canaria siga avanzando y dando auténticas sorpresas próximamente. Saludos cordiales.

  12. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:36

    Apreciados lectores.
    No puedo menos que confesar mi más absoluta sorpresa por la acogida de este artículo. He de agradecer el interés que, parece, suscita el monetario peculiar canario. No consideraba que existiera mejor momento para hacerlo público que este, con el 30 de mayo, Día de Canarias, casi a la vuelta de la esquina y con una segunda edición de mi estudio, ya en su etapa final. Imposible, también, mejor lugar para hacerla público que WAN.

    He de iniciar esta serie de réplicas reconociendo, igualmente, que estaba equivocado, profundamente errado y el siempre necesario debate que daba por muerto, por lo que parece, solo disfrutaba de un necesario descanso.
    Este artículo pone en valor datos que defienden la existencia del maravedí de Canarias, estudio que publiqué en 2022 y del que pronto habrá una edición ampliada, que mantiene el foco en las nuevas evidencias numismáticas, labores de laboratorio y búsqueda de información entre las fuentes historiográficas.
    Plasmar en unas reflexiones todos los datos que se manejan resultaría una tarea complicada -además de tediosa, como algún lector indica-, por ello, resumí, o al menos eso intenté, dando titulares que captarán la atención, objetivo que a tenor de las reacciones, considero logrado, dado el creciente número de entradas que tiene esta publicación.

    Daré respuesta, en la medida que el tiempo y las obligaciones lo permitan. Para ello, asumo que no todos los intervinientes disponen de la primera edición de mi trabajo y, por tanto, además de indicar la página del mismo que aporte la explicación requerida en cada caso, copiaré, si procede, el contenido que sea más interesante, incluyéndolo en mi réplica. Para aquellos nuevos textos, datos, hipótesis que se incorporan en la segunda edición, serán copiados y presentados parcialmente, indicando la fuente de procedencia, si considero que es estrictamente necesario.

    Mi intención inicial era dar una respuesta a cada pregunta, si bien, para evitar reiteraciones innecesarias, he optado por dar una contestación general, toda vez que la mayoría de las cuestiones se centran en rebatir la existencia de la acuñación para Canarias, apuntando, mayoritariamente, a que todas las piezas son falsificaciones. También se indica la inconsistencia de las afirmaciones que se plasman o lo improcedente de la rotundidad con la que postulo algunos aspectos.

    Finalmente, además de un mensaje general, opté por dar una respuesta a cada lector, me parece lo más acertado y lo mínimo que la debida cortesía requiere. Prometo no extenderme más que lo justo y necesario, dejando siempre en el horizonte más cercano la segunda edición de mi estudio.

    Estoy convencido de que estamos viviendo un momento muy especial en la numismática insular. Son cada vez más numerosos los trabajos que lo abordan, además de los ya clásicos de Jesús Manuel Lorenzo Arrocha, Ana Rosa Pérez Álvarez, Manuel Lobo, Fernando Bruquetas, Eduardo Aznar, Macías Hernández, Cioranescu, entre otros, que se suman a fuentes historiográficas imprescindibles, como Dámaso de Quesada, Viera y Clavijo, Machado Fiesco, Mathías Sánchez, por citar algunos. Este es el mejor síntoma de la notable salud que goza la investigación en Canarias, referida a sus monedas.

    El cometido de este trabajo es presentar las evidencias actuales y los datos obtenidos, formulando hipótesis y teorías sobre el peculiar monetario isleño. Lejos queda el intentar convencer a cualquier precio, en un ejercicio de erística, tan agotador como innecesario. Cada lector podrá sacar sus propias conclusiones.

    El más largo de los viajes siempre inicia con un pequeño paso. Allá vamos.

  13. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:41

    EN RELACIÓN A LA AFIRMACIÓN QUE DEFIENDE QUE EL MARAVEDÍ DE CANARIAS ES UNA FALSIFICACIÓN DE MEDIOS REALES DE LOS REYES CATÓLICOS

    Se plantea, entre las preguntas recibidas, que las monedas que nos ocupan son medios reales falsos a nombre de los RRCC. Se apunta a que corresponden a falsificaciones de época, y algún comentario abría la posibilidad de que se traten de réplicas de otras épocas o actuales.

    Empezaré por el final, esto es, desestimo la posibilidad de la falsificación actual, toda vez que han aparecido los dos tipos clasificados, en enclaves arqueológicos (Parque y Museo de la Cueva Pintada de Gáldar, en Gran Canaria). Los detalles están recogidos en mi estudio, en el capítulo dedicado al maravedí de Canarias. La bibliografía que se detalla en el mismo, indica los artículos, disponibles en Internet, en formato pdf.

    De los 31 ejemplares estudiados, hasta la fecha, 8 han aparecido en Península o descontextualizados y 23 en Gran Canaria, en diferentes municipios, de los cuales, 4 son los exhumados en el yacimiento de la Cueva Pintada de Gáldar. Hemos de recordar que, hasta 2022, carecían de valor o este era mínimo. Las últimas piezas ofrecidas en subastas han multiplicado exponencialmente su estimación, por lo que me temo que no es descartable que surjan falsificaciones en el futuro, de ahí la imperiosa necesidad de visibilizar tipos, diseños, medidas y elaborar un catálogo que recoja el mayor número posible de ejemplares.

    En referencia a la asociación con monedas de medio real falsos de época, el principal argumento que plantean en varios de los comentarios es en realidad una pregunta ¿qué sentido tenía labrar un módulo en vellón, con valores de blanca, maravedí y cuartos de cuatro maravedís, cuando existía idéntico módulo en plata? Vayamos por partes. La propia cuestión (que no se puede considerar un argumento como tal) guarda connotaciones que, en mi opinión, podrían parecer un ejercicio de presentismo, es decir, dar por sentado que lo que hoy no tiene sentido, no lo tuviera en el Quinientos, argumentando para ello que la acuñación en vellón con idéntico módulo e iconografía abriría la puerta a pícaros que llevarían esas monedas a la península desde las islas, consiguiendo pingües beneficios. Esta reflexión, por si misma, ya la consideran como una razón sólida, que le otorga la etiqueta de moneda falsa de época.

    Reconozco, y así lo detallo en mi libro (pág. 51), que esa fue la primera clasificación que le di, a principios de los años 90. Tenemos (me incluyo) la arraigada -a la vez que arriesgada- costumbre de considerar falso a todo aquello que no encaje con lo comúnmente establecido. Mi opinión, sin embargo, fue cambiando a medida que empezaron a aparecer ejemplares similares en la isla, que compartían diseño. Indagar en su estudio se volvió imprescindible. La lectura del trabajo del hallazgo monetario de la cueva pintada de Gáldar significó un antes y un después, ya que incluía 4 piezas exhumadas en el yacimiento, idénticas a las que ya conocía. De los análisis realizados y publicados en sus artículos, la principal discrepancia que ofrecían esos supuestos medios reales era que estaban acuñados en vellón, y no en plata, en la proporción establecida en la Pragmática de Medina del Campo. Ya no hablábamos de un puñado de piezas anómalas, eran unas monedas que se ceñían a lo indicado en una licencia real, que autorizaba una labra para Gran Canaria y demás islas, datada en 1513.

    Hagamos un alto en nuestra réplica, que considero necesario. Poca importancia se le ha dado a esta licencia, ya referida en otros trabajos, como los de Eduardo Aznar, y considero, sin embargo, que es el pilar fundamental de esta cuestión sobre la existencia de esta labra o la bondad de las monedas que se detallan en la misma. Recomiendo la lectura de este documento, cuya consulta se puede solicitar al Archivo General de Simancas. Su transcripción, del gótico cortesano al castellano actual, aporta datos que considero claves y a los que no se les ha dado el valor que creo merecen. No se trata de un sesgo de confirmación, se trata de contrastar la información de la que se dispone, en este caso, tal documento es un marco necesario, pero no el único, para establecer la existencia y clasificación de las piezas. En la segunda edición de mi estudio incluyo la transcripción del mismo, si bien, detallo seguidamente algunos de los párrafos más interesantes:

    “…por la qual vos doy liçencia e facultad para que a vuestra costa e misión podáis librar e libréys en la Casa de la Moneda de la çibdad de Sevilla la dicha cantidad de los dichos tres quentos de maravedís de la dicha moneda de vellón e que sea fecha la dicha moneda de quartos de a quatro maravedís de valor cada quarto e de moneda de un maravedí e de moneda de blancas de cada manera de las dichas monedas la parte que quisierdes e por bien tovierdes, con que no se exçeda la dicha cantidad de los dichos tres quentos de maravedís. La qual dicha moneda, así los dichos quartos como los maravedís y blancas, mando que sean de la ley de velllón segúnd que lo es y está hordenado e mandado que lo sea en estos mis reynos e y tengan por ynsinias de la una parte un yugo e de la otra parte unas saetas, e que deste cuño e ley sea la dicha moneda para que valga en las dichas yslas e no en otra parte alguna”

    De las licencias que se conservan y de las que disponemos de copias, referidas a la labra de monedas para Gran Canaria, esta de 1513 es la ÚNICA que incluye el detalle del diseño, la composición, la ceca y el montante total a acuñar, requisitos fundamentales para hablar con propiedad de una nueva emisión. Existen otras dos licencia, de 1511 y 1579, que abordaremos en algunas de las contestaciones pendientes.

    Con los datos que refleja el documento en cuestión, con la evidencia de las monedas localizadas en la isla, que fueron sometidas a análisis metalográficos, mediante distintos espectrómetros, en distintas entidades, obteniendo resultados porcentuales de plata coherentes con el establecido en 1497 para el vellón, fijado en 2,43 %, equivalente a 7 granos (24,3 milésimas), establezco la existencia de una moneda para Canarias, ajustada a las características ordenadas por la reina Juana, y firmada por Fernando, su padre.

    En este punto, las posturas se pueden concretar en:

    * Monedas falsas de época
    * Labra especial para Canarias

    Volviendo a nuestro relato, y defendiendo como mantengo, la acuñación de 1513, algunos lectores han indicado que no se aportan otros ejemplos del empleo de monedas que compartan similares módulos, y que puedan demostrar que la utilización de un diseño no era exclusivo de un valor, serie o metal concreto. Pongamos los ojos en una moneda acuñada en cobre, cuya iconografía incluye un yugo en una cara y un haz de saetas en la otra, tal y como encontramos en el medio real de Isabel y Fernando. Se trata del grano, a nombre de Fernando de Aragón, labrado en Nápoles, que ya incluimos en nuestro libro (pp. 53 y 495, ref. Crusafont, mismo ejemplar), con un diámetro de 19 mm y un peso de 1,17 g. Si el maravedí de Canarias podría prestarse a ser confundido con un medio real, el grano napolitano podría hacerse pasar igualmente por el mismo, simplemente blanqueándolo.

    Pero dejemos atrás las tierras transalpinas y vayamos al suelo patrio. Encontramos otro ejemplo válido, también en el monetario de los Reyes Católicos, con el mismo diseño, en distintos valores y metales, si comparamos el medio excelente (catálogo de Aureo y Calicó AC622) con las blancas labradas en Sevilla (incluidas en mi libro con la ref SC56).

    Estos dos ejemplos pueden ser válidos, en mi opinión, frente al argumento que postula que no tendría justificación la acuñación de monedas con un mismo diseño, pertenecientes a series distintas o en metales diferente.
    No me detendré en explicar las severas penas por falsificación de monedas, impuestas por los Reyes Católicos a partir de 1497, al tener la consideración de delito de lesa majestad y no lo emplearé como argumento en contra de la falsificación.

    Sigamos con nuestro alegato. La falta de documentación en los puertos de salida y llegada o de cualquier certificado/recibo o similar es una asignatura pendiente. Ya comenté las gestiones realizadas a este respecto en mi libro, con ningún resultado favorable. Considero que no hallar esa documentación no invalida, en modo alguno, otros aspectos. A este respecto, he de indicar que de las licencias que conocemos, y de las numerosas peticiones de moneda que se solicitaron en repetidas ocasiones a cecas como la de Santo Domingo, no existen (corrijo, no contamos con ellos, no se han hallado o no aparecen) copias de embarque, recibo de recepción, ni documentos similares.

    Se incorpora al debate el concepto de » la navaja de Ockham», ya referido en mi libro (pág.151). Este principio nos dice que entre hipótesis que puedan explicar un evento; con igual eficacia, la opción más simple es la más correcta. Podría ser cierto, aunque el principio, como tal, no se pueda considerar infalible, es más, de asumir, como asumo, la existencia de la licencia, la labra de las monedas que se detallan en la misma, el resultado de los análisis metalográficos y la localización de piezas en la isla, la acuñación para Canarias me resulta la opción más sencilla, frente a la alternativa de un taller clandestino de falsarios sevillano, que con un ritmo frenético, inundaran el mercado local canario, con dos tipos de monedas concretos, burlando a las autoridades y esquivando constantemente los controles en la isla.

    En cuanto al hallazgo de ejemplares en la península, es posible que en las faltriqueras de marinos y comerciantes viajaran, con mejor o peor intención, estas monedas, como así hicieron piezas de Francia, Países Bajos, musulmanas y otras exóticas procedencias, que han aparecido en Canarias. Las monedas tienen la mala costumbre de no echar raíces en ningún lado y siempre están prestas a saltar de mano en mano, allende las fronteras. Que se emplearan de forma ilícita en península no forma parte del debate, bajo mi humilde opinión.

    Por último, pero quizá más importante. Parece que se centra este debate exclusivamente en que en módulo del maravedí de Canarias (sabrán disculparme si insisto en llamarlo así ya que no albergo duda al respecto de su existencia) y el medio real, pero ¿cómo encajar en módulo mayor, que estimo se corresponde con el ochavo de 1579? Mi respuesta creo es evidente, aunque presento alguna hipótesis al respecto en la segunda edición, por eso de evitar el sesgo de confirmación. Capítulo aparte es el correspondiente a la blanca, igualmente abordado en la edición ampliada.

    FALTA DE CONSISTENCIA DE LA TEORÍA/HIPÓTESIS
    Es este otro de los comentarios repetidos por los lectores. Como es lógico, por eso de no extenderme en razonamientos que forman parte de mi trabajo, abrevié textos, hipótesis y teorías. Las expresadas en estas reflexiones son fácilmente desarrollables, con más o menos complejidad. Las conclusiones a las que llegué se basan en interpretaciones de los elementos consultados y disponibles. En esta investigación, trabajé con las herramientas que la Historia nos brinda y no con aquellas que me gustaría tener. Interpreto, contrasto, verifico y ordeno los datos que obtengo, para elaborar una hipótesis de trabajo y, en el mejor de los casos, una teoría.

    TERRAPLANISMO
    Posiblemente es uno de los adjetivos que peor se han interpretado. La intención al citarlo era la de evocar la memoria de aquel terraplanismo medieval, ese supuesto terror a lo desconocido, que llevaba a los nautas de la época a limitar su navegación a un prudente cabotaje, evitando meter proa a lo ignoto. Era el mejor símil -peor empleado- para hacer ver la necesidad de salir de la zona de confort para investigadores, aficionados o coleccionistas, actuales y venideros, y adentrarse en la tenebrosa mar, a bordo de un buque que tenga, por brújula, las fuentes historiográficas y, por timón, las evidencias numismáticas, que nos permitan recalar en nuevos puertos, por insospechados que parezcan, quizá encontrando una emisión monetaria perdida. Nada tenía que ver con pseudociencia, descalificativos, ni sucedáneos de ningún tipo.
    Algunas veces, las interpretaciones dispares, pueden generar situaciones incomodas. Si alguien se ha sentido ofendido, manifiesto expresamente que no era mi voluntad.

  14. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:43

    RESPUESTA PARA ELIAS

    Apreciado lector. Gracias por sus comentarios. Aunque buena parte de mi razonamiento, expresado en la respuesta general relativa a la consideración de monedas falsas, serviría como réplica, permítame que haga algunas observaciones. Canarias fue un reto para la corona ya que por vez primera, se encontraron con la necesidad de dar soluciones a unos problemas nunca antes planteados. La conquista de las islas y su adaptación a un nuevo sistema, social y económico, trajo consigo medidas que generaron distintos escenarios. Si la imperiosa necesidad de moneda fuera la razón que justificara la aparición de estas piezas en Gran Canaria, a sabiendas de que fueran falsas, las medidas que hubieran tomado las autoridades entiendo seguirían otros derroteros, como nos muestra la historiografía. Cierto es que la falta de monetario fue el mal endémico del archipiélago, pero no menos cierto es que la solución de contingencia adoptada fue, en primer lugar, el premio a la moneda en las islas, a fin de que aportara y se quedara en el circuito canario. En caso de llegada de monedas falsas, febles, faltas de ley, la respuesta de las autoridades era bien distinta: la confiscación, la no aceptación, el.corte de las mismas y, llegado el caso, el marcado de las monedas para autorizar su entrada, asignándole un valor. Tenemos referencias en este sentido, como las arribadas de cuartos dominicanos a las islas realengas de 1559, el aporte de cuartos en Lanzarote, bloqueados en 1629 y la no aceptación de cuartos caribeños, con marcas no autorizadas en 1652, en la misma isla, entre otras, es decir, no era un mercado anárquico, sin control alguno, al menos en estas centurias, en el que se pudiera introducir una tipología libremente y menos a sabiendas de que fueran falsas o febles.

    La «conexión concluyente» que usted menciona, estimo, como ya he manifestado, hemos de encontrarla en los textos, monedas localizadas y análisis metalográficos. Como dije en la presentación de mi libro, «considero sólidos mis argumentos. Si tengo razón, gana la numismática, y si no la tengo, y me los rebaten CON ARGUMENTOS, también gana la numismática».
    Hoy por hoy, mis argumentos quedan expuestos y me gustaría que se presentaran argumentos a favor de la falsificación generalizada de esas monedas.
    No se trata pues de estar enrocado en una teoría, es que la teoría alternativa actual (la falsificación de época) me resulta, personalmente, poco válida.

    Solo me resta darle las gracias por su interés y enviarle un cordial saludo

  15. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:44

    RESPUESTA PARA JUAN LUIS

    JUAN LUIS

    Hola. Considero que mi réplica a sus dudas ya está incluida en el comentario general y en la entrada anterior, por lo que no me extenderé mucho más.
    Gracias por su interés.

  16. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:45

    RESPUESTA PARA FRANCISCO

    En su caso, considero que mi réplica ya está incluida en los comentarios anteriores

  17. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:46

    RESPUESTA PARA JACOBO
    JACOBO

    Buenos días.

    Siguiendo la secuencia que usted propone, en primer, segundo y tercer lugar: creo que la réplica ya está manifestada en comentarios anteriores. Decir, en el punto equivalente al tercer lugar, que los ejemplos de piezas de distintos valores, con similar diseños, estaban ya incluidos en la primera edición, al igual que algunos de los resultados de los análisis metalográficos, que se podían consultar en el trabajo «Las monedas del yacimiento de la Cueva Pintada (Gáldar , Gran Canaria): análisis elemental mediante espectrometría de fluorescencia de rayos X (pXRF)»,, reseñado en la bibliografía (pág. 513). Discrepo con usted y no resto validez a los resultados de estos análisis. En la segunda edición ya se incluye el resultado del total de los realizados (en torno al 50% de los ejemplares estudiados) que ofrecen similares porcentajes.

    Una apreciación más creo que es necesaria. La falsificación, como tal, busca el beneficio ilícito, por tanto, añadir el porcentaje exacto de plata, marcado en las emisiones de vellón de la época, no creo que respondiera al buen hacer del falsario o al interés/necesidad de que la falsificación persiguiera la perfección. No plantearé, nuevamente, lo inusual que resulta el hecho de que todas las piezas localizadas se ajusten exclusivamente a uno de los dos tipos catalogados y no aparezcan otros ejemplares con similar iconografía y facturas más toscas.

    En cuarto lugar, la respuesta ya figura entre estas líneas.

    No he localizado el quinto lugar.

    En sexto lugar, en relación a la falta de más hallazgos de estas piezas, atendiendo a lo numeroso de la emisión, indico que, desde 2022, casi se ha duplicado el número de ejemplares confirmados, sin duda, motivado por la aparición del estudio. Es muy posible que esa sea la tónica de ahora en adelante, en la medida que se siga difundiendo la existencia de esta emisión. Tengo reporte de piezas, en colecciones privadas y públicas, a los que no he tenido acceso. Aún así, no son abundantes, cierto es. La explicación hemos de buscarla en la retirada del peculiar monetario isleño, ordenada y consumada en 1775, según pragmática de 1776 (ambos documentos ya estaban incluidos en la primera edición, junto a los detalles de esta operación, que están perfectamente desgranados en trabajos de Macías Hernández, incluidos en la bibliografía (pág. 515) y disponibles en formato pdf. en la red.

    También he de indicarle que existen otras referencias documentales (igualmente mencionadas en mi estudio, pág. 53), datadas en 1518 y 1579, esta última fuente destaca un párrafo que, aunque ya reseñado en la primera edición, amplío en la segunda. Como adelanto, detallo parte de su contenido:

    “… porque por falta desto dexavan de dar limosnas y de comprar cosas menudas en plaças y tiendas, y por esta razón no se hallava trueco en ellas, y ansi se dexava de comprar y vender lo que era muy necessario, y otras vezes se comprava lo que no era menester, de que a los pueblos les venía mucho daño y porque el año de mill e quinientos y treze a supplicación de la dicha ysla en otra necessidad semejante se les avía dado licencia para que pudiessen hazer y labrar tres cuentos de maravedís; como constava de la provisión que se le avía despachado, de cuyo traslado hizo presentación, nos supplicó le mandássemos dar licencia y facultad para que en qualesquier partes destos reynos la dicha ysla pudiesse labrar mill ducados de moneda de vellón en medios quartos y blancas o como la nuestra merced fuesse …”

    (NOTA. Las negritas no están en el texto original)

    Para concluir, con este punto, y siguiendo la lógica de su argumento, ya he referido el número de piezas inventariadas en Gran Canaria (23), de los que 4 proceden del yacimiento de la Cueva Pintada de Gáldar. Los trabajos de Ana Rosa Pérez Álvarez, en los que se relacionan todas las monedas halladas en contextos arqueológicos de Canarias, nos da el dato relativo al número de medios reales exhumados en todo el archipiélago: 1 (cueva de los Verdes, Lanzarote).
    Ese mínimo número de ejemplares no indica, en modo alguno, que estas piezas no circularan en las islas. Idéntica reflexión hago como respuesta a su comentario.

    En sexto lugar (bis) – entiendo que se duplicó este punto-. La suya es una opinión y como tal, queda expresada. Lo cierto es que la elocuencia no está vinculada necesariamente con la temeridad. Detrás de mis aseveraciones hay un respaldo documental, que es lo que se espera de quién presenta una afirmación novedosa. Es posible que ese torrente de afirmaciones con las que visto mi teoría sea resultado del convencimiento en la misma. Para muchos puede parecer una osadía, falta de método o atrevimiento desmedido.

    En séptimo lugar. Creo que su apreciación no es del todo correcta. Hablo de la clasificación de los módulos de la blanca, maravedí y ochavo, incluyendo imágenes de los tres tipos.

    En octavo lugar. La inconsistencia que plantea no existe como tal y creo que se trata de otro error de interpretación. Hablo de dos tipos, con grafías diferentes, y de dos emisiones, de 1513 y 1579.

    Menciona usted la licencia de 1511, relacionada en la primera edición de mi libro. A ese respecto, y como adelanto a la segunda edición, en la que se incluye la transcripción de la misma, destaco un párrafo que despeja, entiendo, la duda de la morfología de esta acuñación:

    “… lo e visto lo susodicho en el mi Consejo e abida sobre ello çierta ynformaçión e consultado con el rey, mi señor e padre, tóvelo por bien e por la presente vos doy liçençia e facultad para que podáys
    labrar e labréys en esa dicha Casa de la Moneda fasta en quantía de quinientos mil maravedís de la dicha moneda de vellón segúnd e de la ley e cuño, e talla e valor que se labra la moneda de vellón que se hizo porstrimeramente por mandado del Rey, mi señor e padre, e de la Reyna, mi señora madre que santa gloria aya”.

    (NOTA. Las negritas no están en el texto original)

    Desarrollo en el próximo trabajo una hipótesis que vincula esta licencia, con la saca, los ceutís y la licencia de 1513. En este caso, reservo esta línea de trabajo para que el lector saque sus propias conclusiones, tras la lectura.

    De su conclusión ya he replicado en los comentarios anteriores.

    Reciba un cordial saludo.

  18. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:47

    RESPUESTAS PARA MARÍA Y ANTONIO MESA

    MARIA

    La réplica ya ha quedado detallada en otra respuesta.

    ANTONIO MESA

    Buenos días. Considero que la respuesta ya se desprende de la lectura de algunas réplicas anteriores.

    Reciba un cordial saludo.

  19. SANTIAGO MEDINA says:
    18 de mayo de 2026 at 14:48

    RESPUESTA PARA ÁNGEL
    ANGEL

    Buenos días. No le falta razón, me lo suelen decir con relativa frecuencia, en ocasiones resulto sumamente tedioso.

    No se ha pretendido asociar ambas acuñaciones y en realidad no se ha hecho, (Santo Domingo – Canarias), solo se han buscado ejemplos de respuestas similares a idénticos problemas. Nada comenté de iconografías, que poco tiene que ver y sí de los pesos, en la idea de que a similares circunstancias, con mismos valores a labrar, en época coincidente, los pesos podrían guardar relación, y servirían, por tanto, de dato comparativo, en ningún modo determinante, ni mucho menos concluyente. Por cierto, en algún momento se abrirá el debate de si hablamos de blanca o maravedí si nos referimos a algún módulo concreto de las emisiones de Santo Domingo, a nombre de Carlos y Juana. Eso será parte otra historia.

    Reciba un cordial saludo

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